Mi vida, mi mundo

jueves, 01 de septiembre de 2005

$>El paso definitivo

Cuando tus padres descubren que el hijo perfecto que creían tener no es tal como ellos pensaban pueden reaccionar de mil maneras. Pueden aceptarte tal cual desde el primer momento y pueden apoyarte diciéndote que no te preocupes, o como en mi caso pueden montar un drama y pegarte, gritarte y decirte que necesitas un psicólogo... ¿yo? ¿No serán ellos los que deberían ir a uno? ¿Que qué han hecho mal? Pues probablemente solo no haberme dado la suficiente confianza como para habérselo dicho hace mucho tiempo. Bueno eso y haber nacido hace 50 años, pero de eso ellos tampoco tienen la culpa. Pero yo tampoco tengo la culpa de haber nacido siendo como soy. Además, soy una buena persona, he estudiado, he trabajado, no he hecho mal a nadie nunca, a ellos les ayudo y a los demás cuando puedo también. Que sea hetero o gay no cambia nada. Ni soy un vicioso ni un pervertido, pero eso es mucho pedirles a ellos. Pero ya han pasado 25 años, y por mucho que intenten disimularlo, yo sé muy bien que desde aquella carta, ellos lo saben o se lo temen. Lo que no sé es por qué no quieren asumirlo y abrir los ojos y me siguen diciendo de vez en cuándo que cuándo me voy a echar novia... Y lo mejor (eso de lo mejor es un decir, porque a mi me saca de quicio) es que cuando se trata el tema con respecto a una persona ajena, un vecino o alguien de la tele... ellos, bueno mejor dicho, ella, porque mi padre nunca me ha vuelto a decir nada, supongo porque quizá él sí que lo sabe ya, habla del tema como si tal cosa. ¿Cómo puede tener tanta cara? ¿O es que cree que yo recuerdo cómo me pegó y gritó como una desesperada? Y todo por el qué dirá la gente cuando lo sepa. Y de esto estoy completamente seguro. Lo que le preocupa no es que sea gay o hetero, simplemente le preocupa que durante un tiempo me señalarán con el dedo, bueno, mejor dicho, le señalarán a ella por ser madre de un hijo gay, un hijo al que todos aprecian y al que todos juzgarán por haber dicho cómo es después de 25 años de existencia. Pues que lo vaya asumiendo, porque de aquí a nada, de aquí a un año creo que daré el paso definitivo y a quien le guste bien, y a quien no... pues también. Ya es hora de que piense en mi y en mi felicidad.