Te recojo, hablamos, aclaramos las cosas. Reimos, pasamos un buen rato y yo me siento genial. Me dices que
Brokeback Mountain no la volverías a ver, que te agobió, que te dieron ganas de llorar y te reprimiste. Que yo era el moreno y tú el rubio o viceversa, no lo recuerdo. Ahora, después de haber visto la película, me pongo a pensar: me llamaste el lunes, y viste la película el domingo, justo un día antes. Antes de llamarme el lunes, te veo pasar en tu [...]
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